OUTSIDER

OUTSIDER

El que vale es el que desea, y luego, cada cual con su superpoder.

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Estoy reflexionando en la tesis que escribo y dibujo con complicidad de mis pacientes tutores (Placido Lizancos y Fermín Blanco) y muchos amigos —permitidme no citarles hasta que estén de acuerdo con el bruto escrito— sobre el dibujo como lenguaje, sobre la creatividad, sobre los tijeretazos a la creatividad que de nuestra educación podríamos evitar y sobre la necesidad universal de la creatividad, a través del pensamiento consciente o ‘lateral’* que intenta anular los preconceptos —o asunciones que gratuitamente asumimos sin que sean contrastadas o reales, prejuicios— para resolver situaciones.

(*referencia a una clase de Eladi Martínez. )

Decidí pronto que quería ser arquitecta pasando por delante de la ETSAB un día cualquiera, ningún referente cercano, fue una decisión ‘sin querer, queriendo’ -que decía el Chavo del Ocho- pero decisión tan firme desde los nueve o diez años que con trece pedí recibir clases de dibujo de estatua y geometría. Mis padres, unos maravillosos inconscientes-conscientes que me dejaban dibujar en TODAS las paredes de mi cuarto desde que supe pedir lápiz: ‘mi’ gatito: te’quibí’ (mira, gatito: te dibujé) me dejaron hacer y me sufragaron todo lo que deseé. Hubo otros mecenas como Fernando y Miluca o incluso, más adelante, Efrén García Fernández (España Dibujada)… mucha gente se implicaba en mi determinación por enérgica, por insistente tal vez por graciosa.

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(El cuadro sobre la basura y mi nacimiento que Suso pintó cuando nací, Las paredes de mi cuarto, mi padre, mi hermano, el primo, mi amigo Jose , mi camiseta de Banner y Flappy y yo. Sant Andreu de la Barca. 2 de septiembre de 1981.)

Llegué a tercero de BUP entonces, 16 años, y nos hicieron un test de orientación universitaria conveniente. Ese test acabó en una conversación NECESARIA con mis padres: ‘La niña puede dedicarse a muchas cosas pero es importante que no tengan nada que ver con el espacio ni con la matemática, que la chavala NO VALE, CLARAMENTE.’

Dado que llevaba en ese momento tres años formalmente preparándome fuera de horas y ya en ese momento sabía todo el Diédrico necesario y me había dibujado el Olimpo en carboncillo junto con algunas diosas culonas paganas… pues no le hice caso, incluso me le reí en la cara, pero con la risa alta de esa de agobio y duda:

‘¿En serio?’

(Nunca nadie antes me había dicho semejante cosa)
(Tantas clases satisfactorias y a nadie se le escapó la verdad que me acabas de decir)
(Joder)
(Coño)
(No valgo)

He vuelto a ese análisis con frecuencia en los momentos de dudas, a pesar de que no tuve grandes problemas durante mi carrera.

Me acabo de dar cuenta, menuda tontería, (mientras escribía que los niños ven y dibujan en perspectiva porque dibujan como ven —torpes, pero como ven— hasta que los profesores les corrigen para que dibujen de frente y rectito y así los profesores no muy formados en geometría puedan juzgar correctamente si el niño detecta por ejemplo las partes del cuerpo y las coloca en su sitio…) es de que yo tenía ya mucha formación espacial geométrica aprendida (mucho mayor, en cualquier caso, que la que tenía la analista que juzgaba) y ella:

Se confundió.

Se confundió.

Me acabo de dar cuenta.

Se confundió.

La analista no sabía Sistema Diédrico ni Cónica ni Axonometrías diversas ortogonales y oblícuas, y yo sí, mogollón, era una rechiflada entonces —y ahora— de las representaciones espaciales.

(dibujo acuarelado de Efrén García julio 1996)

No sólo eso. Llevo siendo profesora de interpretación espacial y conceptual desde el 2004, catorce años, y he ido perfeccionando mi capacidad de diferenciar la capacidad de interpretación espacial innata de la aprendida, necesito diferenciarlo para no sobrecargar a la gente que lo que más debo proteger es su deseo. Este esfuerzo requiere atención y conocimiento de la persona. De cuándo dibuja. De si no dibuja por, por ejemplo, exceso de visión espacial (he puesto notable a alumnos con cuatro bocetos mal hechos en todo el curso, les he calificado verbalmente porque les aburría… ellos dibujaban en el aire) O si no dibuja por vergüenza de traducción espacial (he tenido que desbloquear el bonitismo inoculado con mis payasadas y performances en las cuales hago dibujos muy chulos y luego los voy estropeando con malas decisiones de color o lo que sea) . Ellos tienen que conseguir dibujar como escribimos: para tomar apuntes, para la lista de la compra o una carta de amor, para tacharlo y volver a empezar, para el durante y no el final, dibujar porque podemos, dibujar porque queremos, nada más y nada menos. Porque cuando las personas a las que preguntas si dibujan —antes de pasar por las clases de esta payasa que escribe— te responden en el mejor de los casos que a veces ‘se ponen’, y a mí, eso me resulta tan triste como si la pregunta fuese ¿tú sueles escribir? y en lugar de responder ‘para todo, lo normal, como todos’ me respondiese ‘-a veces me siento a hacer poemas, pero me da vegüenza que se lean, y nada más. -¿no escribes nada más? -no -ni una carta a tu madre, los apuntes, la lista de la compra, ¿nada? -no.’

Esperad, que me pierdo: hoy día, pues, sé distinguir la capacidad espacial innata de la aprendida, incluso he atesorado ejemplos de proyectistas magníficos con la una y con la otra para que nadie se sienta de menos.

¿Creéis que ese matiz lo dominaba la psicóloga que nos hizo esos test en 3o de BUP?

No.

Yo tenía por tanto mucha capacidad espacial (aprendida), objetivamente.

Y por eso, lo que nos dijo a mi madre y a mí fue una boutade que con mi inmadurez se me quedó y he tardado en cuestionarla hasta ahora, pensando siempre que seguía zafando sin que nadie se diese mucha cuenta.

‘Yo, es que no valgo para esto, me lo dijo a los dieciséis una psicóloga.’

Soy profesora de dibujos múltiples y lo compagino con la profesión desde que me licencié, he demostrado a obreros de la construcción en múltiples cursos que ellos ‘saben ver’ que no es magia, he desbloqueado cientos de ‘yo es que no dibujo porque no valgo’ y otros cientos de ‘ya me dijo la profe de pequeño que yo no valía para dibujar’ y, sin embargo, de vez en cuando:

‘Yo, es que no valgo para esto, me lo dijeron a los dieciséis.’

He reflexionado sobre la docencia y la didáctica en la arquitectura y siempre llego al mismo sitio, ‘Sólo ofende, humilla y castra deseos el que 1. duda y no se atreve a dudar, 2. se siente mediocre y no se atreve a desear, o 3. se pone como superior a los demás por 1. o 2. El grande no humilla: duda. El sabio no humilla: duda.’

Cómo puede ser que me acabe de dar cuenta de ese preconcepto tan tremendo: nunca hasta ahora puse en duda que la psicóloga sabía lo que estaba diciendo —y por tanto sabía ella de dibujo lo que yo no y por eso sabía que ‘yo no valía’.

Ese rollo ‘Estoy aquí de prestado, que yo no valía para esto y llevo zafándome todo este tiempo sin que se dé cuenta la gente’ me ha acompañado hasta hoy.

El otro día, hablando de un proyecto al que era posible o no acceder me dijeron,

‘No es tu perfil, para nada. Ser OUTSIDER tiene un precio.’

outsider
nombre común
1.
Competidor desconocido y con pocas posibilidades de éxito.
2.
Persona que está al margen o fuera de las tendencias más comunes.

Y llevo atónita desde entonces.

Tan desde fuera me he colocado con esa frasecita que se me ha notado siempre.

Doy collejas y me posiciono, detesto a la gente que se pone estupendita y a los copiones gorrones, aprecio belleza y orden donde no es evidente —ese es mi súperpoder— no me gusta que me dejen ‘hacer lo que me apetezca’, me gusta trabajar con sobras aparentes, resolver conflictos difíciles con recursos justos.

El cuadro de la primera foto que Suso Fernández compuso para su amiga embarazada. En la tela de araña de arquitectura imposible una mujer recién nacida en un mundo complejo y lleno de bella basura.

Outsider.

La frasecita de ‘la chavala no vale para el pensamiento abstracto matemático y espacial’ me ha llevado inconscientemente a ser profesora, sé distinguir la ‘visión espacial absoluta’ y la valoro. Sé, también, que la visión espacial absoluta no hace al proyectista. Igual que el conocimiento intenso de la historia de la arquitectura tampoco hace al proyectista —esto dicho por el único autorizado para decir semejante cosa en esta península, Rafael Moneo, en una conferencia en la fundación Miralles . Al proyectista lo hace la curiosidad, el deseo, el dibujo, la poesía, la normativa técnica, el presupuesto,… y seguiría, pero resumo: el deseo, el trabajo el optimismo y la resiliencia.

El que vale es el que desea, y luego, cada cual con su superpoder.

(Y si te puedes ver desde fuera, Outsider, podrás ser autocrítico, y esto, también es importante) #haiqueroelo (A.dlSota)

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Acerca de iriasobrino

Arquitecta. Asesora Urbana. Doctoranda en arquitectura popular efímera contemporánea, la creatividad en la observación y la traducción del espacio y del territorio.

  1. M’ha encantat llegir aquest article per molts més motius que el fet de sortir-hi esmentat. Crec que t’encantaria conèixer el magnífic il·lustrador i lliurepensador Joan Turu.
    Mira’t aquest enllaç: http://picalapica.blogspot.com/2017/02/dibuixar-expressar-educar.html?m=1

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