23 de julio 2018

Manuela juega con su amiga Sofía a montar movidas en el jardín de sus abuelos.

Yo estoy con ellas y con Rhodes.

Rai, arriba con su madre, su hermano Emilio y su hermana Amalia, la madrina civil de Manuela.

Hoy hace ocho años que nos casamos su padre y yo.

Fue la primera cita que nos dieron en el juzgado tras decidir casarnos, siete meses de espera, la cita iba a pillar por los pelos a Manuela en la barriga, en teoría, en la práctica fue el bebé-de-dos-quilos-y-medio-pegado-a-la-teta más bonito de Vigo.

No sé cómo nos atrevimos a sacarla a la calle, pero era o eso o no venía y Rai dijo que era día de fiesta, que hacía calor y que si pudo ir al centro de salud, podría ir al juzgado un momento.

La jueza que nos leyó la constitución estaba tan embarazada como lo estaría yo de no haberse adelantado Manuela.

No podía ser más bello, una novia con la teta fuera, un bebé, el novio y compañero de fatigas de ambas, gente que nos quiere en la sala y una jueza futura madre en su esplendor.

Nos leyó que cuando alguien adquiere este compromiso, adquiere con él la responsabilidad de cuidar a los descendientes y a los ascendientes de la otra persona.

Accedimos conscientemente.

Manuela se adelantó catorce días porque España ganó el mundial de fútbol, y digo ‘porque’ porque fuimos a ver el partido con Miguel y Sonia nuestros amigos ceramistas a Tomiño cuando perdimos señal del televisor por la frontera y al volver a enganchar, por la Portuguesa, vimos la repetición y todo empezó a ser festejo ruidoso alrededor… a cuarenta minutos de Vigo, y del hospital más cercano, teniendo en cuenta que vivíamos a 1 minuto del mismo, me entraron las ganas de ir a casa antes de que todas las rotondas se cerraran de festejos bloqueantes. Tardamos mucho en llegar a Vigo, todas las rotondas estaban estalladas de júbilo, banderas, risas. Cuando nos bloqueaban y me agobiaba un poco, Rai abría la ventanilla sonriendo de oreja a oreja y hacía la señal de mi ‘bombo’ tras lo cual la gente nos hacía hueco.

Al llegar a Vigo, a casa, salí aliviada del coche: no había pasado nada y ya estábamos al lado del Xeral de nuevo.

Crucé el paso de peatones con esa felicidad que te da el bebé que llevas dentro cuando dos coches pararon y por las ventanillas sacaron el cuerpo entero hasta sentarse en el alféizar de la ventanilla del coche cuatro chicazos con cuatro sirenas de spray, de barcos.

Las hicieron sonar, embriagados de emoción, las cuatro a la vez.

Manuela rompió la bolsa del susto.

Llamamos a un taxi, que vino preparado para llevar a una ola humana, súper profesional y fenomenal.

Al llegar al hospital estaban a cuadro.

Les hizo algo de gracia la historia, pero no tanta, porque ahora había que ayudar a venir a Manuela, y un parto de bocina no es un parto natural.

Doce horas después y algunas anécdotas de morirse de risa -como cuando Rai me preguntó si podía esperar un momentito, que quería buscar una bata más bonita que la que le dieron no le gustaba para recibir a su hija al mundo y le dije que lo de esperar, esperar, llegados a un punto, no es muy factible: ah, la elegancia. Luiza le hizo caso no sin venir a decírmelo, a lo cual le respondí, él que se ponga elegante, pero yo voy- nació una niña muy pequeña con los ojos muy abiertos y sin llorar.

Yo sentí que mi vida había salido de mi cuerpo.

Rai estaba al lado.

Dije: ¿Por qué no llora?

Porque no le hace falta, me respondieron, ¿No la ves? que sólo le falta hablar.

Rai la cogió, ella tenía los ojos como platos, le miraba fijamente como si de verdad pudiese verlo bien.

Ahí sí, llegó el momento del júbilo, le pusieron una banderita de España pegada al gorrito, con su nombre. La pusieron a la-mi teta. Le llamaban en la planta la Xoubiña, por ser la más pequeña de los que estaban arriba. Tuvimos a Acacia Ojea a las atenciones necesarias. Estuvimos bastantes días allí, hasta que arrancó a coger algo de peso.

Diez días más en nuestra casa de Camelias, inundada de flores frescas, le sirvieron para afianzar y a nosotros para flipar con ella.

El día que le cayó el cordón era el día de la boda. Yo estaba embriagada de temores, Rai me tuvo que recordar que todo era fiesta. Yo accedí. Todo fue fiesta. Todo fue amor. Cava de Castell de Sant Antoni, tarta de almendra de Concha da Correxedora, pinchos de Montserrat y muchos amigos tan queridos y cercanos que, siendo poetas, no escribieron, vivieron; siendo fotógrafos no fotografiaron, miraron; siendo médicos, no censuraron nada, la gozaron; siendo políticos, no se resistieron al amor presente y se emocionaron; siendo padres viudos no lloraron, rieron; siendo niños y adolescentes, no reclamaron atención, cuidaron; Fue amor.

Yo pesaba veinte quilos más que siempre porque me hicieron convertirme en incubadora humana que no piensa al ver el poder de mi cerebro para producir adrenalina: con ello habíamos conseguido que Manuela no fuese directa a incubadora después de haber sufrido el fallecimiento de mi propia madre.

Me había comprado un vestido en los chinos, precioso y enorme, llevaba chancletas japonesas originales, el pelo corto, una sonrisa miedosa, patizamba de cadera descolocada, feliz, aterradoramente feliz.

Por primera vez en mi vida me importaba un bledo mi aspecto y era más bella de lo que nunca he sido. Ochenta y dos quilos de madre, de madre sin madre, que sabe que la vida es nada y es todo, y que el amor es todo, sin más.

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Acerca de iriasobrino

Arquitecta. Asesora Urbana. Doctoranda en arquitectura popular efímera contemporánea, la creatividad en la observación y la traducción del espacio y del territorio.

  1. Amalia

    Que bonito iria…. me has emocionado muchísimo! Eres increíble!

  2. Eladi Martínez Codorniu

    Pre-ci-ós!!!

  3. koldo

    ¡Qué mala eres! Se me saltan las lágrimas. Pero para ser un relato perfecto desde el punto de vista literario eliminaría los dos últimos párrafos. Salud y besos,

  4. mur

    Iria! Manuela! Rai!…..Mi imagen es de unos pies muy hinchados entre empedrados del país vecino. No podía dejar de verte, estabas bellísima! Caminabas muy muy lento, la sensación era de que no quedaba mucho….Tenías determinación en cada paso….¡No me lo podía creer!….Con todo aquel volumen…… empujabas la vida de tal manera!…
    Gracias Iria, Manuela es un regalo. Vosotros, con vuestra actitud serena, llenabais todo Barrantes.
    Compartes algo indescriptible.
    Ahora, con tu memoria:……Recuerdo a tu madre bajo la viña, risueña, serena, con una mirada de esperanza….Deliciosa!
    Precioso y valioso el recuerdo que compartes, todos estábamos contigo, con vosotros, todos esperábamos a la bella Manuela.

  5. Alicia

    Palabras que hacen llorar de su belleza…

  6. Acacia

    Tanto amorr y esperanza no puede llegar a una partida…paridaaa…mellorrr que MANUELA!!!
    Os deseo o mellorrr…
    Mil BICOS!!!

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