Fin de curso

Nos lo hemos pasado tan bien en la fiesta de fin de curso del cole que no distinguimos rayazo de moretón de tatuaje de maquillaje de ceras en la piel.

Decidimos -los que organizábamos- que para que la cola del maquillaje no fuese aburrida se maquillasen los unos a los otros. La idea era buena.

La creatividad superó las expectativas.

Las duchas ya eran imprescindibles de todas maneras.

Una comisión especial de protección llamada Incertidumbre se dedicó a rociar de crema solar a todos esos seres que como los electrones no podían ser fijados en una posición y un momento a la vez.

Teníamos un DJ de diez años que se manejaba con su list mejor que cualquier adulto que habría pinchado canciones para niños.

Seguimos todos una clase de zumba al sol que acabó con bajones de azúcar, sólo de los padres. Bueno, sólo de esta madre que escribe, para ser exactos.

Llegó una profe cuando llevábamos 4 horas y le besamos los pies por ser capaces de estar con ellos 5 horas CADA DÍA.

Mañana hay todavía clase y acabamos de terminar los deberes.

Y yo digo que la arquitectura es dura.

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Acerca de iriasobrino

Arquitecta. Asesora Urbana. Doctoranda en arquitectura popular efímera contemporánea, la creatividad en la observación y la traducción del espacio y del territorio.

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