Lo que se tarda en ver y la desfachatez gozosa del primer vistazo / What I didn´t see at first

Lo que se tarda en ver y la desfachatez gozosa del primer vistazo

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Hace unos días tuve el honor de asistir en Vigo a un evento organizado por Scalae y la Fundación Barrié como broche a la exposición retrospectiva de la obra de Manolo Gallego. La casualidad y las complicidades me llevaron a compartir momentos del evento en los que el discurso se convertía en charla. Y a la charla voy.

Como buena disfrutadora de las circunstancias, antes del evento repasé la obra del arquitecto, para no perderme detalle alguno ni posibilidad de diversión, igual que cuando voy a un concierto repaso la discografía para apreciar las diferencias del directo, o los regalos en los matices de diferencia que el autor ofrece en ese idilio intelectual compartido que representa siempre una puesta en escena*.

Dibujando, mirando fotos y analizando obras que ya conocía me llevé algunas sorpresas, las obras no habían cambiado pero mi reflexión sobre ellas ahora no era la misma, ni parecida. Resulta que las obras que me movían por dentro seguían siendo aquellas, pero ahora, aparecían matices tan seductores que me hacían dudar seriamente sobre si las había analizado anteriormente. En una de ellas, mientras compartía los análisis con los alumnos me descubrí a mí misma describiendo de una manera abstracta una obra que me hizo recordar de repente un momento de mis 21 o 22 años…hace casi 20

¡Ay!  Si yo he visitado esto…

cosa que dije en alto para risa de mis alumnos. Lo recordé al escuchar mi propia descripción abstracta que a su vez me hizo en su momento otra persona, querido amigo, por cierto***.

(¡Ay! El inconsciente.)

El descubrimiento no me hizo pensar en mi mala memoria, sino en cómo cambia la arquitectura cuando cambias tú. Y el proyectista cambia, con el tiempo mejora, se hace más profundo, menos intransigente pero igual de beligerante, sin la espada, con el guante y no por estrategia sino por tranquilidad. A pesar de los tiempos que corren para los arquitectos y para mi sorpresa, mi desfachatez impertinente y divertida se ha convertido en disfrute de los hallazgos en la propuesta del otro, ya sea el otro maestro o estudiante o ambos.

Durante el encuentro por la obra de Manolo Gallego, encontramos todos muchas complicidades**, complicidades antiguas, complicidades alegremente desentumecidas, y complicidades nuevas, me faltó alguna, pero será para la siguiente, seguro. De las complicidades intelectuales, que hable la próxima publicación de Scalae, pero sobre las personales os confieso que nunca antes había hablado con Manolo Gallego. Fue mi profesor, como el de tantos otros, y nunca hubo razón ni tampoco excusa para hablar; sin embargo, este día me llevé dos regalos inesperados, el primero en forma de frase que nos ata con lo anterior, y por reflexionar sobre la obra de otro maestro de la arquitectura:

‘Cómo disfruto cuando me interesa la arquitectura que no me gusta’. ****

Supone un paso importante en la madurez proyectual mirarse en un antiguo espejo y no encontrar a la misma persona. Sin embargo, con esa frase me di cuenta de qué es lo siguiente en la madurez de un proyectista. Cuando se siente uno así con la tranquilidad previamente adquirida y con una añadida capacidad de disfrute sobre el proyecto del otro. A esta fase, a esta frase, solo se llega cuando hayamos podido mirarnos al espejo, al menos como proyectistas, y nos hayamos aceptado, gustado un poco, disgustado otro poco, nos hayamos reído, pero sin coña que somos muy susceptibles en lo que a proyecto se refiere.

He descubierto a un arquitecto que no conocía, conociendo.

Estoy encantada de haber hablado por primera vez con Manolo Gallego.

Tengo que reconocer, que, mal que le pese a mi antimitomanía salvaje, Manolo Gallego siempre acaba diciendo algo que me atrapa y no me suelta. Tengo que reconocer, confieso también, que, negando la mayor a aquella Iria que estudió arquitectura, a Manolo Gallego le quiero combativo, reprendedor si hace falta, abstracto en lo concreto, le quiero saludablemente enfadado con la realidad, si precisa, con la formación proyectual, si precisa también. Veinte años después de ser su alumna, le entiendo mejor. Manolo Gallego, se moja. Y si la tierna proyectista que nacía necesitaba suavidad, cierta tolerancia a la impertinencia de la ignorancia, rescate del profesor a los valores que pudiesen tener que ver con lo proyectual en el alumno… condescendencia, al fin. Ahora quiero, aprecio y valoro sobremanera la valentía que supone hablar abiertamente de la verdad de uno, no en contra del otro, pero sí sin medias tintas.

‘En caso contrario, Se provoca eso tan incómodo que es el desconcierto’

El segundo regalo fue en forma de reflexión, pensando en Manuelita, en los alumnos y en mí misma. En Manuelita porque siempre hace reflexiones que son tan evidentes que nunca se me habían ocurrido. En mí porque, será la madurez, que más que avergonzarme de lo que antes no vi, me he congratulado de lo que sigue estando. De lo bueno. Lo bueno que la insolente estudiante vio, sigue estando y quién sabe si lo vería hoy con tanta claridad ingenua. Hay mucho más. Mucho más bueno. Pero nada de lo que arrepentirse. En los alumnos, porque esto me lleva a que nunca se es demasiado inexperto para analizar obra alguna, que decía Alberto Noguerol al hilo de las plantas complejas de Alejandro de la Sota, y como dice nuestro querido Juan, Mozart hacía lo que hacía porque nadie le dijo que ‘eso’ no era cosa de niños, Juan también dice que no hay un mar para niños y otro para adultos, eso me encanta.

No podemos comprender todo a la primera, no sabemos apreciar todo en cualquier momento, y las ideas, como la sopa del cocido, cuanto más lentamente se cuecen, más fundamento tienen, pero. Pero. El que se atrevió no se arrepiente y el que por posición tuvo que amansarlo, le recuerda y le exige que esa energía sea utilizada y que no se pierda por el desagüe de la condescendencia.

Siempre me acuerdo, de aquel anuncio de ruedas Pirelli con Carl Lewis a punto de correr en tacones rojos ‘La potencia sin control no sirve de nada’ y lo aplico a muchas cosas, pero, honestamente, creo que era un anuncio encubierto del departamento de proyectos de la galaxia para recordarnoslo, así, en general.

Manolo Gallego estuvo de acuerdo con este eslogan, durante la charla en cuestión.

Permitidme enviar un saludo a Josep Llinàs y a sus amigos nadadores, a Juan Navarro, con el que espero poder acabar un debate sobre las cotas de apoyo y el dominio, a Elisa Gallego y a sus bellísimos pájaros a quien le deseo toda la suerte en el futuro inmediato, a Jeanne Picard y a su paciencia, a los encantadores concurseros de pelo de colores y a su sonrisa de proyectistas emocionados, a Alfonso Penela y a su energía a Carmen Fabregat y a su delicadeza, a Alexandre Mouriño y su desparpajo, a Zaida Requejo y su simpatía, a Javier Franco y su abrazo y por supuesto, a Félix Arranz y a su malla conectiva de complicidades.  

(Luciano G Alfaya, Javier Villacé, Jordi Castro, Alfredo Sirvent y demás amigos y amigas, daros por besados.)

* Cito a Piero Vitelli_profesor de comunicadores. Island41

** Eso es cosa tuya, Félix.

*** Xose Manuel Vázquez Mosquera

**** y no, no os voy a decir de qué arquitecto hablaba.

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What one did not see at first

Just a few days ago I assisted in Vigo to an event commemorating the architecture of Manolo Gallego organized by the magazine Scalae and the Barrie foundation. Lucky me I found myself into an interesting conversation that was so relaxed that became a chat between very different people related with the architecture.

Before the meeting I was re-studying the architecture of Manolo Gallego, for not loosing a bit of fun on the event, just like when I am going to a concert and before that I start enjoying the situation by listening to the music just for appreciate the differences or the gifts of the composer during this personal approach that always is the performance.*

Drawing, watching photos and analyzing plans which I already knew I found some surprises because despite the architecture had not changed, I did, and this makes the architecture very different to my eyes. It happened that the strong ideas I liked, still remained there, but among that, there was a lot of little considerations or observations that made a difference, a big difference. In one of the buildings, a family house, I was sharing with the students my reflexions when suddenly I explained something in a very abstract way and…

Oh… I had visited it and I didn´t remember.

I said it aloud for the fun of the students, but in fact I remembered it because of the abstract description, ‘coffer’ I said and I remembered the image of the house in the land and then I remembered who referred it as a coffer, and It was a friend, the same who took me there.**

(Oh… the unconscious)

The finding didn´t made me think on my bad memory but of how the architecture changes when you change as an architect. The architect, the designer changes, with the time it gets better, it gets profound, less intransigent and remains in its battles but without a sword, with a glove instead and not for strategy but for tranquility. Despite this times, not very comfortable for the designer and for my surprise, my funny impertinence of 20 years ago has become into enjoyment of the finding into the other´s proposal, being the other an student a professor or a maestro.

During the meeting for the architecture of Manolo Gallego, everyone of us found a lot of complicities, old complicities, dust-off complicities and new complicities. About the intellectual complicities is writing Scalae, but for the personal I must confess I’ve never had spoken to Manolo Gallego before. He was my teacher, like the teacher of many others and never was a reasonable reason to talk, nor an excuse; nevertheless these days I brought with me two presents, the first is a statement reflecting on the architecture of another maestro:

‘I enjoy when I get interested into an architecture that I don´t like´****

Means a step to projectual maturity being able to look at an old mirror and not finding the same person. But, with this statement I realised which is the next step of maturity: when one feels the tranquility to really enjoy the other´s project without liking it. To this statement one reaches when, at least projectually, one is able to look oneself at the mirror and laugh, and cry, and make fun, but not much because one is very picky when it comes to the projectual thing.

I have discovered an architect I didn’t know before, knowing his architecture.

I am very glad of having talked to Manolo Gallego for the first time.

I have to recognise that he always say things that trap me. I must confess that I want him combative and not condescending even if it means being a bit picky, or hard, or sharp. Now, 20 years later, I understand better. I am not anymore the fragile student, now I really appreciate the braveness of speaking openly of one’s truth, not against´the other, but not being condescendent.

`(…)On the contrary, you provoque this uncomfortable thing that is the perplexity.´

The second gift was a reflection, on my Manuelita, on myself and on the students. Manuela uses to make statements so evident that I´ve never thought before. I, could be the next forties, I am not ashamed about what I didn’t know before, I am glad of what I can see know and I think that maybe the greys I see today may cover the clear blacks I saw yesterday, I am not so ingenuous, but I really want not to have lost my impertinence. I thought on the students because one is never too inexperienced to know good architecture, even the more complex one. As our friend Juan uses to say, Mozart did what he did because they never told him It was not for kids, and there is no sea for children and another different for adults.  

We can´t understand everything on one sight, and ideas get better with time, like the soup, but, the one who had the courage of thinking, never regrets it even if one was wrong. And the person who had to stop the first one, with the time, remember the courage and wants it to emerge in the future.

I always remember the add on Pirelli wheels with Carl Lewis up to run on red high-heeled shoes `Power is Nothing Without Control´. (But you must have the power).

*Piero Vitelli, teacher on communication. Island 41.

**This is on you, Felix.

****No, I am not going to say who was the other architect.

 

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Un Comentario

  1. escrito por antonio pérez remitido por koldo artieda y rafael zarza

    Jaime Pozas de Villena falleció en Barcelona el 14 de febrero de 2017, víctima de una cardiopatía que arrastraba desde hacía años. Por esta razón médica, su óbito nos ha dolido –y mucho- pero no nos ha sorprendido. Es más, que haya muerto del corazón aquél que lo tenía metafóricamente tan grande, nos ha parecido justicia poética incluso a los que negamos que el corazón tenga algo que ver con la emotividad.
    Jaime estudió Química en Madrid. Que prefiriera una ciencia dura a las ciencias blandas (las Sociales y las Humanidades), no es detalle banal porque nos confirma que su vida estuvo regida desde muy joven por el rigor del método empírico. Que luego intentara la dificilísima empresa de conjugarlo con la rebeldía social, es un rasgo más de su terca heterodoxia. En cuanto a los resultados de su intento, hay opiniones para todos los gustos, una cualidad de todas las herejías -para unanimidades, ya están los rebaños-.
    Según escribe en una de sus escasas publicaciones, la universidad “forma parte esencial de mi vida. Me ha valido para ser más capaz que otros y menos que muchos, de diferenciar entre artistas y técnicos, entre eruditos y sabios, etc. Por eso luché contra ella” (en La autenticidad como lucha, 1977) Como muchos sabemos, la universidad le trajo gloria y ruina hasta que fue expulsado ‘a perpetuidad’, una ‘exclusión del paraíso’ de la que siempre se sintió orgulloso.
    La gloria le vino al encabezar la rebelión de los ácratas (1967-1969), una sublevación tan desconocida y censurada como imprescindible para entender la historia de la intelectualidad española, una revuelta tan original y autónoma como ninguneada a la hora de estudiar la sociedad español de aquellos años para acá. La censura sobre Jaime y los ácratas comenzó por la sistemática tergiversación de nuestra teoría y de nuestra acción que ordenó la cúpula del aparato comunista universitario; según esta Cheka, éramos un puñado de descerebrados pero peor fue que llevaran sus consignas hasta la infamia. Por ejemplo, en aquellos años, no era raro oír el rumor de que Jaime era un confidente y un provocador. Hasta aquí, el procedimiento rutinario de los herederos de Lenin; pero que lo siguieran chismeando cuando Jaime y otros estaban –o estábamos- presos desde hacía varios años, aquello clamaba al cielo. Fuéramos lo que fuéramos, desvelamos los pecados de la jerarquización universitaria y de su perversa inanidad (en su escrito antes citado, Jaime la definió como opresora, esclavista, sacralizada, insensible, amoral y un largo etcétera) hasta el punto de que podríamos decir que nos adelantamos al Mayo 68.
    Claro está que, cual sucede con los prometeos, Jaime pagó la gloria con la ruina. Y no nos referimos sólo a la cárcel sino también al ostracismo que la siguió. Jaime no fue nunca el vehemente individualista que algunos se figuran. Tampoco fue un stirneriano propenso a la autofagia y al solipsismo teórico. Fue un cabal caballero de la Anarquía que, simplemente, recelaba de que la organización fuera un fin en sí misma. Él siempre insistió en que la Ética eran la ciencia, la guía y el valor supremos, muy por encima de los medios que se emplearan en la arena política. Mantuvo un equilibrio (inestable) entre la ciencia y la acción, entre lo colectivo y lo individual. Visto desde los clásicos, diríamos que anduvo equidistante entre Bakunin y Kropotkin: por su formación se acercaba al segundo mientras que, en lo cotidiano, tendía hacia el primero. Ingenuo sería quien creyera que es fácil conjugar estas dos sensibilidades anarquistas y malvado el que encasillara a Jaime en una sola de ellas.
    La ruina hizo que Jaime se viera obligado a hacer de la necesidad, virtud. De ahí que aprovechara sus forzosos periplos por el extranjero (Toronto, Londres, Ginebra), para aprender del mundo del trabajo manual, una instrucción que muchos universitarios no conseguirán jamás aunque pasen años ‘proletarizándose’. Pertrechado con el conocimiento de ambos mundos, Jaime consiguió ser anacoreta rural y gregario capitalino, intelectual y obrero, militante y verso suelto. Parafraseando a otro de sus clásicos –Quevedo-, diríamos que llegó a ser el “alma para quien toda una organización, prisión ha sido”.
    Y no sólo una organización como la CNT por quien, pese a sus rechazos, lo hubiera dado todo, sino que también le fue prisión su propio cuerpo. Y es que Occidente acepta actualmente multitud de opciones sexuales pero ha dejado en manos de los místicos la opción más radical: negarlas todas. Jaime aceptó ese reto porque nunca confundió el Deseo con su materialización –generalmente genitalizada-. Huelga añadir que eso le hizo blanco de chismes, por insidiosos, quizá peores que los ya padecidos en la universidad aunque, al revés que aquellos, jamás les concedió la menor importancia.
    En cuanto al futuro que ya tenemos encima, añadiríamos que Jaime llegó tarde a la Cibernética; por ello, apenas hay referencias sobre él en internet. Y no podrá haberlas puesto que la autenticidad exige el trato directo entre los agentes sociales –sean, individuos, sean espectáculos- y Jaime optó por las relaciones directas, esas que se les escapan a los historiadores, esclavizados como están por los documentos físicos.
    Sin embargo, ese afán por escapar de la cárcel de papel, le obligó a pagar varios peajes. De ahí que haya sido tildado de purista y de perfeccionista, de cocinero y de fraile, cuando no de ogro rústico. Pero es que, según su obra antes citada, “Mi desconfianza hacia la letra impresa es algo instintivo”. Aun así, cuando quiso, fue capaz de darles la vuelta a las palabras totémicas de la tribu occidental; de ahí que “emplearé los términos con los que fui adiestrado y los iré matizando hasta transformarlos”. Y, ¡por el santo grial de la Anarquía si lo hubiera!, que los transformó de manera que Dios, ideología, utopía, arte, modernidad, se convirtieron en mero humo de quimeras. Por ejemplo, para Jaime el diablo que acecha a los utópicos, el temido fracaso se convirtió en una minucia despreciable puesto que “triunfar significa manejar el engaño y la astucia contra los demás; fracasar es garantía imprescindible de la sabiduría”.
    Jaime “donó su cuerpo a la ciencia” y luego será incinerado. Sus cenizas se esparcirán dentro de unos meses. Nuestras condolencias a su familia y allegados, en especial a Mª Teresa, hermana, hada y bastión contra toda inclemencia. Querido Jaime, sit tibi terra levis.

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